Pablo Martínez-Juarez
Tras varios años empleando fármacos basados en la semaglutida (como Ozempic o Wegovy) para la pérdida de peso, hemos ido poco a poco descubriendo cómo ejercen esta función. Estos medicamentos, inicialmente desarrollados como tratamiento contra la diabetes, emulan a una importante hormona relacionada con el proceso digestivo. Pero aún hay más detalles que continuamos descubriendo.
Acallando el ruido. Un estudio ha hallado indicios de que Ozempic y el resto de fármacos basados en la semaglutida son capaces de silenciar el “ruido de la comida”. Esto quiere decir que el tratamiento es capaz de reducir los pensamientos obsesivos e intrusivos relacionados con la comida y con comer.
Explicando el funcionamiento. Los mecanismos bioquímicos detrás de los efectos de la semaglutida ya eran conocidos. Este compuesto es un agonista de los receptores GLP-1 (péptido similar al glucagón 1), es decir, actúan como una suerte de análogo de esta hormona, haciendo pensar a nuestro cuerpo que la estamos segregando.
Esta hormona cumple dos funciones, cada una relacionada con uno de los usos clínicos de este fármaco. La hormona se segrega cuando comemos y transmite la información al páncreas para que este comience a segregar insulina. Es por ello que el tratamiento es útil para el control glucémico en pacientes con diabetes tipo 2.
La segunda función de la hormona la cumple en el cerebro, y es que el GLP-1 es el responsable de avisar al encéfalo de que hemos comido para así generar la sensación de saciedad. Este sería al menos uno de los fundamentos detrás del uso de la semaglutida como fórmula para perder peso.
